domingo, 29 de mayo de 2016

Tierra segura


El barco zarpa cada cierto tiempo del puerto. Los habitantes del pueblo saben bien que nunca se puede predecir la fecha de llegada y de salida del navío. Lo único seguro es que cuando el barco llega habrá que estar preparado para irse en él pues puede ser que no regrese en cinco, diez o veinte años. El barco zarpa con los que han escogido tomarlo y a aquellos dubitativos los deja en la isla. Luis había dudado mucho sobre aquella decisión y había dejado que la ocasión de irse en el barco se le escapara años atrás. Hoy, con un poco de temor, Luis había decidido que quería iniciar el viaje del que todos hablaban en el pueblo y que nadie había vivido, salvo aquellos que ya habían partido. 

La gente comenzó a arremolinarse alrededor del puerto al sur de la isla, cerca de la plaza principal del pueblo. Todos estaban emocionados pues quería escuchar las historias de la tripulación que había llegado con el barco el día previo, comprar algunos de los objetos que traían consigo y sobre todo quería saber quiénes serían los que se aventurarían este año a emprender el viaje. Luis tomó sus cosas: una maleta con algo de ropa, un cuaderno para notas y algunos libros que su padre le había regalado. Se despidió de sus padres y sus hermanos con un enorme abrazo y un beso en la mejilla. Salió de la casa y se encaminó hacia el  muelle. 

El color y la alegría que despertaba la llegada del barco al pueblo arrancó una sonrisa de su rostro. Siempre había amado ese pequeño pedazo de tierra segura. Luis abordó con paso firme el barco. Se asomó por la barandilla y observó los rostros de las personas que lo habían convertido en lo que era hoy, por quienes había llorado y por las que había sido inmensamente feliz. El barco anunció su partida con un fuerte estridor y Luis no pudo evitar derramar una lágrima de nostalgia, emoción y gratitud. Ese pequeño pedazo de tierra segura era lo que le había permitido abordar ese barco camino a la aventura. El viaje ante lo inmenso sólo era posible gracias a la tierra firme que lo vio crecer.

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Fin de la parte I de esta serie. 

domingo, 22 de mayo de 2016

Ida

El viento pega en mi rostro y el sol calienta poco, pues el atardecer se acerca. El olor a humedad se ha impregnado en toda la ciudad tras la lluvia que acaba de caer hacer unos minutos. Camino con una sonrisa en el rostro y recuerdo lo que dice la canción que he tenido en mi mente los últimos días: "all we have is memories" y eso es precisamente lo que me llevo de este ciclo (lo único que podré llevarme a donde quiera que vaya). Reflexiono sobre lo que los recuerdos han hecho de mí, cómo fueron apareciendo y cómo es que algunos han quedado para nunca ser olvidados. El camino de vuelta a mi otra casa -en la gran ciudad- ha comenzado mientras escribo estas líneas. Ahí, donde un capítulo completo se escribió. 

La cuenta regresiva se ha instalado, por lo que ahora los días en lugar de parecer inmensos, adquieren cierta ligereza. Mis pasos, percibo, me llevan más rápido hasta las últimas líneas que habrán de llevarme hacia el último capítulo. No importa, sé que los pilares que dieron vida a este capítulo seguirán, de una u otra forma, presentes en los que aún quedan por escribir. No me queda duda de que estos pilares, todos ellos en diferentes presentaciones, seguirán formando parte del argumento principal. 

Ya preparo el borrador de lo que ha de venir. No reparo en los detalles, pero sí en la idea central. Se trata de que la pluma fluya mientras las hojas pasan, así se disfruta más. En fin, no hay prisa por empezar ni por terminar... siempre es bueno disfrutar el viaje. El camino de vuelta a la gran ciudad es pausado y en calma. Alrededor dejan de verse las casas y comienzan a aparecer las montañas. Veo a través de la ventana la línea directa que unirá a las dos ciudades --la grande y la pequeña- en los años por venir. Sí, ya puedo llamar a las dos "hogar", aunque cada una muy a su manera. 

miércoles, 18 de mayo de 2016

Con sabor a mar (II)

María se dirigió a paso lento hacia su casa al sur del pueblo, cerca de la plaza principal. Se trataba de una modesta construcción de un piso, con tres habitaciones, cuatro ventanas y un pequeño patio trasero. La sala y el comedor compartían el mismo espacio, la cocina daba al patio trasero y su habitación tenía vista hacia la pequeña calle empedrada que tanto había agradado a María desde el primer momento. Su casa no se parecía en nada a la de sus padres. El dinero había limitado en gran medida la decisión; el resto de ella había estado basado en su gusto por lo simple. María había aprendido a disfrutar de la naturaleza de su nueva casa. No sin esfuerzo y poco a poco... ese lugar se comenzaba a convertir en su nuevo hogar.

Se acercó a la cocina para prepararse una taza de café y un emparedado. La taza, como siempre, con una cucharada de café y con tres de azúcar; el emparedado nunca con más de tres ingredientes. Se sentó en el viejo sillón que había comprado al poco tiempo de mudarse y bebió un sorbo de su café. Tomó su libreta de notas y comenzó a redactar algunas ideas que tenía en la mente desde el fin de semana pasado. Hoy se sentía animada para empezar a redactar las primeras líneas del primer capítulo de su libro. Había postergado este momento con diversos pretextos: la falta de tiempo, la falta de información, el cansancio, otros proyectos, los amigos, la familia y así la lista continuaba. No sin sentirse insegura, había decidido que era momento de dejar los borradores atrás. 

Las palabras fluyeron sin detenerse o temer la caída en el papel. Las ideas comenzaban a tener forma y a dar coherencia al argumento que María tenía en mente. Se propuso no dejar de escribir hasta que el cansancio le impidiera continuar. Pasaron las horas y las hojas dejaban atrás el blanco total. El sonido de la lluvia comenzó a invadir lentamente las habitaciones de su casa hasta que se volvió imposible ignorar su caída. María, al escuchar la lluvia, no podía dejar de pensar en los pescadores, pues era muy probable que, de continuar, el día siguiente no sería muy bueno para la pesca.

domingo, 15 de mayo de 2016

La vida en la Ciudad de México

En la semana me estuve preguntando en numerosas ocasiones sobre qué escribir en el blog. Muchos temas pasaron por mi mente pero ninguno me convencía lo suficiente para escribir algunas líneas al respecto; otros temas no me parecían tan sencillos como para dedicarles tan poco espacio. El martes, cuando iba del trabajo al metro, volví a darme cuenta de algo que me llamó mucho la atención desde el primer momento en que conocí la Ciudad de México: el ritmo de vida de las personas que viven aquí. En esta gran ciudad se vive a un ritmo completamente diferente al resto del país, incluso difiere sustancialmente de la forma en que se vive en ciudades cercanas como Pachuca, Toluca, Puebla o Querétaro. 

Aquí en la Ciudad de México parece que todos tienen prisa por llegar a algún lado; no importa en que lugar te encuentres, la percepción siempre será la misma. En el metro todos caminan sin siquiera mirar a su alrededor. Esto puede tener sus virtudes, pero también tiene algunas desventajas. Entre sus virtudes se encuentra que esta forma de andar por la calle se traduce en que cada quien puede ser como desee sin que los demás se percaten del todo de las diferencias que los rodean. Una desventaja es que, a pesar de que nos volvemos menos quisquillosos con lo que nos rodea, se pierde nuestra capacidad de asombro ante lo que vemos. Creo que el balance entre ambas situaciones podría ser una buena opción. 

Después de que me llegó el tema a la mente, ingresé al metro y reflexioné todo el camino a la universidad sobre esta situación. Lo primero que saltó a mi mente fue que sería imposible vivir a un ritmo más lento en una ciudad que requiere tomar decisiones al momento, cruzar largas distancias y encontrarse a miles en un trayecto. Resultaría complicado, e incluso cansado, detenernos a pensar en lo que cada una de las personas con las que nos cruzamos está pensando o está sintiendo. Nuestro cerebro necesita economizar y para ello decide dejar de prestar atención a todo lo que nos rodea cuando vivimos en una ciudad tan grande. Tal vez por eso -y más- busco mis pequeñas dosis semanales de Metepec. 

domingo, 8 de mayo de 2016

El león

En la sabana el león se mueve lentamente y con sigilo en busca de una víctima a la cual sorprender. Él conoce muy bien el terreno pues se toma el tiempo para explorarlo, para generar estrategias de ataque y para emprender la huida con la presa antes de que otros depredadores lleguen hasta donde se encuentra. El león no es más inteligente que otros animales de la sabana, pero debe reconocerse que si hablamos de astucia este animal lleva la delantera. La sensibilidad, la compasión y la humildad no son sus mejores virtudes por lo que se cree superior al resto de los seres vivos con los que convive. Le incomoda ser un cazador solitario, no obstante, carece del valor para reconocerlo y agruparse con otros leones en torno a una meta en común. El león nunca ha tratado de cambiar porque su naturaleza se lo impide y contra ella toda batalla está pérdida ¡Oh, de cuántas cosas se pierde el león por ser león!

El león mira con soberbia a su alrededor y camina con soltura. Algunos de los animales más pequeños miran con temor a aquel felino porque han sido engañados. Ellos no saben que el león está lleno de temores y de carencias como todos los demás animales de la sabana. Ellos tampoco saben que el león vive ansioso por la posibilidad de que los demás descubran su secreto. Ellos desconocen que el león, al caer la noche, queda sin energía porque fingir durante el día es una tarea agotadora. -Así es la vida en la selva- cree este felino. -Así debo comportarme frente a un mundo anárquico- piensa el león. La mente del león concibe al mundo como un ganar o perder ¡Pobre león!

Hoy la vida en la sabana continúa sin el león. El león ha decidido, sin saberlo (¿o sabiéndolo?), alejarse de ese mundo que consideraba poco favorable a su cacería. Los demás animales están confundidos porque el león jamás se dejó ver sin todas la barreras que construyó desde siempre. La vida en la sabana debe continuar. Es extraño caminar por los pastos dorados sin que el león esté merodeando, cazando u observando. La sabana parece incompleta, aunque todos saben que la sabana existía antes del león y que seguirá existiendo después de él.

Todos se observaron en silencio. El gran anciano siempre los sorprendía con historias que los dejaba pensando por un buen tiempo. Algunos, los más cansados, se levantaron y partieron hacia sus casas. El resto comenzó a conversar poco a poco hasta que la charla se volvió ininteligible. El fuego, ajeno a la vida humana, siguió ardiendo en el centro.

El león por Rosa Bonheur


miércoles, 4 de mayo de 2016

Sus manos

Sus manos se entrelazaron con cierto nerviosismo. Era la primera vez que sus pieles tenían la oportunidad de reconocerse mutuamente. Una sonrisa se dibujó en sus rostros al reconocer complicidad en el tacto. Sus miradas intentaban descifrar lo que estaban pensando. Se observaban intensamente sin la intensión de invadirse. Sabían que lo que necesitaban era reconocerse en el brillo de sus ojos. No permitirían al tiempo apremiar la situación. Sus sonrisa invitaba a quedarse, a comprenderse sin hablarse. 

Los ruidos de la calle dejaron de importar. Los peatones pasaban sin siquiera percatarse de aquel encuentro que parecía haber detenido el mundo de aquellas personas que entrelazaban sus manos. La tarde comenzaba a mezclarse con la noche y el calor cedía ante la frescura. De pronto, parecía que el ritmo de sus emociones y el ritmo de los alrededores respondían a un mismo impulso. Tal vez era eso o tal vez era que algo comenzaba a surgir lentamente entre aquellas dos personas que se sonreían. Sí, era claro que el café sólo había sido un pretexto para propiciar aquel encuentro. Era un pretexto de los que se aceptan de buena gana, a pesar de su esencia cercana a la mentira. No, no era que creyeran en las mentiras, pues les gustaba pensar que debido a su naturaleza ese pretexto perdía cualquier sentido perverso que se le pudiese atribuir. 

Pidieron la cuenta como un reflejo de la necesidad que tenían por mantener aquel momento en la completa unicidad. No querían perturbar al futuro recuerdo que tendrían de sus manos, de sus ojos y de sus sonrisas. Pagaron y abandonaron aquel pequeño café a las afueras de la ciudad. Caminaron tres calles más hasta llegar a la estación de autobús. Se volvieron a ver a los ojos antes de partir. Así comprendieron que la calma sería su mejor aliada. Los recuerdos tendrían que construirse con delicadez y uno por uno... como se hace con lo que se ama. 

domingo, 24 de abril de 2016

#NoExagero #NoEsNormal

En los últimos días se han difundido en la red casos de violencia sexual en contra de las mujeres en México. La situación a todas luces no es nueva. Este fenómeno es sistemático en todo el país y lleva años ocurriendo. Las mujeres son víctimas de toda clase de abusos, desde una mirada lasciva hasta la violación misma. Todos nosotros hemos escuchado historias de alguna compañera, amiga o familiar que se ha encontrado en una situación incómoda o violenta por su condición de mujer. Algunas de ellas dejan de frecuentar el lugar en donde ocurrió el episodio de violencia y otras tantas, animadas por el coraje y con la intención de defender su libertad de caminar por donde quieran, deciden utilizar la misma ruta.

El tema me ha hecho ruido en la mente y muchas dudas me han surgido. Me pregunto si deberíamos pensar que este fenómeno se acentúa en países como en México o si es un fenómeno que ocurre en todo el mundo en diferentes modalidades. También me cuestiono si el combate a la violencia de género debería hacerse desde las instituciones gubernamentales o sería más acertado comenzar a cambiar patrones de conducta desde nuestras propias familias o ambas. Por lo pronto, sólo he sabido afirmar que el debate sobre el tema es necesario. Las mujeres deben saber que no es normal el acoso ni la violencia de género en sentido amplio. Asimismo, muchos hombres deben comprender que las mujeres no son objetos que se deban poseer. Si una mujer dice no es no y punto (claro, esto aplica para muchos contextos de violencia). 

Para terminar esta breve reflexión, me gustaría compartirles los siguientes testimonios que se publicaron en un perfil de Facebook y que se han hecho virales. Estos testimonios promueven el uso de los hashtags #NoExagero y #NoEsNormal, que considero muy oportunos para combatir la violencia de género. Es necesario que volvamos visible a la violencia de género, que no permitamos que millones de mujeres piensen que es algo que está en sus mentes y que están exagerando. La violencia no es aceptable en ninguna de sus modalidades porque implica atentar contra otro ser, infringir su derecho a vivir libremente y lastimar su dignidad. Señores, esto no se trata de feminismo radical, se trata de entender que todos tenemos derecho a vivir sin miedo. 

  • http://www.m-x.com.mx/2016-04-11/dan-en-facebook-testimonios-sobre-acoso-y-violencia-sexual-contra-mujeres-noesnormal-y-noexagero/ 
  • http://www.m-x.com.mx/2016-04-11/voy-a-cumplir-40-anos-y-sigo-sin-entender-por-que-el-acoso-masculino/
  • http://www.m-x.com.mx/2016-04-11/carta-abierta-a-mi-hermana-lorena-por-ana-negri/
  • http://www.m-x.com.mx/2016-04-11/a-nadie-le-importa-que-nuestras-vidas-esten-llenas-de-miedo-todo-el-tiempo-por-natalia/

domingo, 10 de abril de 2016

¿Qué es Europa y cuál es su implicación en el contexto actual?


Definir qué es Europa es una tarea complicada (¿o imposible?), pues es una región diversa y en constante cambio. Por momentos parece que las diferencias entre sus habitantes son mayores a las similitudes, lo cual hace reconsiderar a más de uno sobre la pertinencia de pensar a Europa como un ente único. También hay periodos en que las similitudes y los proyectos en común son tantos que la idea de una sola Europa se presenta como la mejor opción para referirse a este (sub)continente.
            Algunos otros, con una posición más conciliadora, a pesar de los tiempos y de los cambios, creen haber encontrado la fórmula adecuada para definir a Europa: “unión en la diversidad”. De acuerdo con este enunciado, la conformación de Europa responde a la complejidad de sus sociedades, de su historia y de su geografía. Es un ente único hacia la exterior, pero mantiene y promueve las diferencias al interior. El europeo se identificará con los demás habitantes de la región y considerará que comparten elementos en común que los distinguen de los habitantes de otras regiones del mundo. Es así que la otredad, en términos de Boaventura de Sousa Santos, funciona como elemento primario para aprender a reconocerse a uno mismo.
            Europa no deja de ser una construcción social, por lo cual está sujeta al cambio y a las percepciones particulares de cada individuo. Cada uno de los europeos es quien tendrá la definición más cercana a la realidad de lo que es Europa. Al final del día, las definiciones -y en particular los conceptos- son de aquellos que los utilizan. El observador ajeno podrá elaborar una definición objetiva y razonada de aquello que se puede considerar como Europa. Sin embargo, son los europeos quienes utilizan sus instituciones, quienes conocen sus espacios, quienes hablan sus lenguas y quienes conforman a su realidad. Ellos son quienes pueden y deben contribuir al debate acerca de aquello que es –o no es- Europa.
            Más allá del debate en torno a la definición de lo que es Europa, existen muchas otras cuestiones derivadas de la complejidad de la región que deben analizarse, atenderse y, en la medida de lo posible, solucionarse. Entre algunas de estas situaciones se encuentran la discriminación hacia los migrantes que no responden al arquetipo del europeo occidental, la segregación y la desigualdad en la que viven millones de europeos que forman parte de los grupos minoritarios, la intolerancia religiosa y la discriminación hacia aquello que no forma parte del sistema de valores de lo que tradicionalmente se ha considerado europeo.
            Después del estallido de las sublevaciones árabes en el Norte de África y en Medio Oriente, cientos de miles de personas han intentado migrar desde esta región hacia Europa en busca de mejores condiciones de vida. En Europa no han tenido un recibimiento muy caluroso, pues grupos anti inmigrantes en Italia, Francia o España han impedido o bloqueado la ayuda y la protección de estas personas.  Los nacionalistas han encontrado en los migrantes al chivo expiatorio idóneo de los males del continente. Argumentan que los migrantes no contribuyen al crecimiento y al desarrollo de la región, pues únicamente exigen que se les otorgue la ayuda sin garantizar que cumplirán con sus obligaciones como nuevos habitantes de Europa. Los grupos nacionalistas de ultra derecha consideran que la diversidad tiene un límite, es decir, desde su lógica hay niveles de diversidad, unos más tolerables que otros. Si una persona responde al arquetipo europeo, a pesar de las diferencias respecto de aquel que lo califica, puede ser incluido en el enunciado “unidad en la diversidad”, de otra forma esto resulta casi imposible.
            La intolerancia religiosa, la segregación y la discriminación también tienen como origen la inexistencia de un concepto de lo que es Europa. Algunos europeos consideran que el concepto debe ser cerrado y exclusivo, esto último se convierte en la puerta a la exclusión cuando se le pone en contacto con aquello que no forma parte de los elementos que constituyen lo europeo. Un musulmán, un africano negro o un gitano encuentran dificultades para ser asimilados por la sociedad que a la que llegan o para ser tratados en condiciones de equidad respecto de aquellos que forman parte de los elementos del concepto cerrado y exclusivo/excluyente. El concepto europeo, para algunos, no admite modificaciones sustanciales. Ellos defenderán un concepto de Europa distante de la realidad del continente. De esta forma, este tipo de pensamiento se vuelve una limitante para comprender la complejidad de la realidad europea.
            Los europeos deben reflexionar acerca de la vigencia de algunas de sus creencias y cuestionarse si en verdad es necesario contar con un concepto sobre Europa. Los conceptos agrupan una serie de características que tratan de describir una fracción de la realidad. Sin embargo, es importante señalar que, por definición, todo aquello que engloba o agrupa también excluye. Si se elabora un concepto único sobre Europa se corre el riesgo de excluir a algunos grupos, prácticas culturales, orígenes y proyectos que componen su diversidad. Tampoco es posible contar con tantos conceptos como personas en Europa existan. El punto clave es aprender a matizar y a entender que Europa es un continuo que fluye sin cesar. Definir qué es Europa es y será una tarea de ajuste y reinvención constante que deberá responder a la realidad de la región misma.

domingo, 3 de abril de 2016

Con sabor a mar (I)

Le gustaba vivir en aquel pueblo tan pequeño. La brisa y el olor a sal eran, de todo lo que ofrecía ese lugar, sus placeres favoritos. También disfrutaba de observar por la ventana de su habitación la playa y el océano que parecía interminable. Esos elementos le provocaban un torrente de emociones y ponían a su mente al máximo. Lo único que detestaba era que los mosquitos no dejaban de acosarla todas la noches. Su piel no terminaba de acostumbrarse a la comezón que producían y las marcas que dejaban en sus brazos y piernas tras rascarse hasta sangrar. Las calles eran apacibles, coloridas y con poca gente, salvo los domingos por la noche cuando se instalaba una pequeña feria en el centro del pueblo. 

María se recostó en la silla que estaba afuera de la cocina a la que acudía a comer todos los días. Estaba cansada, pues el día había sido agotador. Miró al caldo de camarón que tenía frente a sí y sonrió. Recordó cuando su madre le cocinaba un caldo similar cuando era más joven y vivía en la capital. Ese caldo era un manjar para ella porque su madre sólo lo preparaba en ocasiones especiales. Tomó la cuchara y continuó comiendo.  La primera vez que pidió un caldo, el mesero de la cocina la observó con extrañeza porque usualmente el calor evitaba que los comensales le pidieran algún platillo caliente. A María eso no le importaba ya que el sabor y los recuerdos superaban a las sensaciones que producía el calor. Además, el calor no le molestaba tanto como lo hacían los mosquitos que nunca cesaban su labor por las noches. 

Poco a poco María terminó su caldo. Tomó su libreta de notas y se puso a escribir sobre lo que había observado ese día en el pueblo. Toda la mañana la había dedicado a observar a los pescadores que trabajaban en el puerto del pueblo. Veía como, sin descanso, iban y venían todos con la pesca, la limpiaban, la ponían a secar o le retiraban las vísceras. Las mujeres de los pescadores retiraban las escamas de los pescados y limpiaban los moluscos recién pescados. María sonreía al ver como el mar constituía el hilo conductor de la vida del pueblo. Todos, sin excepción, se dedicaban a la pesca o dependían directamente de la misma. María escribió algunas líneas, pagó la cuenta y se retiró a la playa. Ese día le apetecía observar el atardecer. 

viernes, 1 de abril de 2016

Racismo en México

Advertencia al lector: Lo que a continuación escribo son percepciones únicamente. Sería interesante tratar de comprobar empíricamente si estas suposiciones son correctas.

Si le preguntas al mexicano promedio sobre el racismo, es muy probable que responda con algún ejemplo extranjero y que resalte el hecho de que esta situación no se presenta en nuestro país. Asimismo, se remitirá a juzgar a aquellos que promueven prácticas racistas, situación que evita que el racismo se convierta en algo socialmente aceptado... o por lo menos así  sucede en términos explícitos. La razón de esta reacción del mexicano promedio se sustenta en una genuina creencia de que el racismo no existe en nuestro país. Sin embargo, la realidad de millones de personas difiere sustancialmente de este supuesto.

El racismo en México está presente en todo lo lado. Es promovido en la administración pública, en las instituciones de educación, en el sector privado, en los establecimientos de autoservicio, en los restaurantes, al momento de rentar un vivienda, de adquirir un crédito y así en ocurre con una larga lista de experiencias y lugares. Es una cuestión estructural que pocas veces se vuelve consciente en el nivel individual. Lo anterior significa que las condiciones sociales y económicos se han configurado de tal forma que no todos los mexicanos tienen las mismas oportunidades derivado de su color de piel. Si revisamos la composición de las personas que trabajan en la administración pública federal, de las personas que acuden a instituciones de de educación superior cuyos egresados ocupan altos mandos o de aquellas que viven en las colonias de moda, podremos percatarnos que hay un color de piel preponderante ¿coincidencia? Lo dudo.

¿Por qué advierto al lector al comienzo sobre la naturaleza de esta entrada? Porque tal vez tengo una visión errónea  sobre la composición de México y en particular de la cuidad donde vivo ahora: el Distrito Federal. Tal vez mis ojos me engañan al ver que el sector más amplio de la población mexicana tiene mayores complicaciones para lograr la tan anhelada movilidad social. Años de estudio, más el talento y muchas ganas son igual a nada o poco si perteneces a este sector. Permítame, querido lector, recordar que la otredad sirve para crear categorías de aquello que creemos que somos y de aquello que no. Como resultado del racismo en nuestro país, el grueso de la población mexicana se ha convertido en "los otros". Observando con extrañeza que acudan a comer a algunos sitios, que vacacionen en cierto lugar o que aspiren a trabaja en determinado sector, el racimo se ha convertido en un elemento limitante para millones de personas -mas no determinante- aclaro. Desde las propias familias de estos sectores se fomenta esta conducta. Se educa para saber a qué clase de "otro" se pertenece y así, en función de este supuesto, se moldea  la conducta, las aspiraciones y la autopercepción de estos individuos.

La propuesta es que realicemos un ejercicio serio de nuestras acciones e identifiquemos aquellas situaciones en que hayamos discriminado a alguien por su color de piel u origen étnico, ya sea de forma directa, por omisión, exclusión o asociación. Es necesario que planteemos un modelo de convivencia más abierto y dispuesto a considerar que cualquier persona debería tener la posibilidad, sin que sea sometida a la crítica, de comer donde desee, vestir lo que le acomode y trabajar en donde sus habilidades le permitan. Si deseamos que la movilidad social se convierta en una realidad, debemos comenzar por desterrar los patrones de racismo que persisten en nuestras mentes.

viernes, 25 de marzo de 2016

La autocensura

Mi entrada para el día de hoy pretendía ser sobre la religión y la libertad de culto. Sin embargo, me topé con un serio problema: la autocensura. Comencé a cuestionarme sobre la viabilidad del tema y sobre la pertinencia de escribir acerca de una cuestión tan controvertida como la religión. Realicé un pequeño balance en torno a los beneficios y las desventajas de aventurarme a argumentar por escrito sobre el tema. Mi conclusión, después de unos cuantos minutos, fue que sería más conveniente no redactar sobre este tipo de textos, es decir, me incliné por ser tibio (¡ojalá que no se cumpla aquello que decía el Antiguo Testamento sobre los tibios!).

La autocensura cuesta millones de palabras al años, incluso me atrevería a decir que son miles de millones de palabras las que son sacrificadas a causa de la autocensura. Sabemos que escribimos para que nos lean otros, por ello es muy común que cuando escribimos un texto borremos en más de una ocasión alguna línea o párrafo que hemos redactado. Preferimos no arriesgarnos a las críticas de los demás o a la polémica que el tema sobre el que escribimos pudiese desatar. La autocensura nos previene de expresar puntos de vista poco favorables que podrían perjudicar la percepción que los lectores tienen sobre nosotros y sobre nuestro trabajo. 

La autocensura, más frecuente cuando escribimos que cuando hablamos, ocasiona que evitemos algunos temas o que no expresemos cierta opiniones, lo cual me parece adecuado. A pesar de estos beneficios, también creo que deberíamos tener el coraje de expresar nuestra postura y en el mejor de los ánimos salir a defenderla. Una gran cantidad de políticos, empresarios y líderes religiosos son incapaces de expresar una opinión sobre algún tema por el miedo a las consecuencia que traerá esa opinión. Sin embargo, creo que un poco de atrevimiento nunca nos hace daño. Así que espero que mi próxima entrada pueda ser sobre la religión y la libertad de culto.  

martes, 22 de marzo de 2016

[The] room ¿o lo mismo que los paradigmas?

Hace unos días fui al cine a ver una película que en inglés se titula The room (2015). La historia trata sobre una chica que fue secuestrada y violada cuando tenía diecisiete años. Después de este suceso, la chica queda embarazada y da a luz a un niño, quien vive con ella dentro de una habitación -propiedad del secuestrador- que hace las veces de baño, cocina, dormitorio y sala. La historia te atrapa poco a poco y te permite ver cómo nuestra visión del mundo está en función de nuestro contexto. Jack, quien en la película cumple cinco años, cree que el mundo se reduce a las cuatro paredes en las que vive y que todo aquello que está más allá es el espacio exterior. Su mamá ha tejido una historia para poder explicar los acontecimientos que están a su alrededor: de dónde proviene la comida, quiénes son las personas que aparecen en la televisión o qué es aquello que se observa a través del tragaluz de la habitación.

La película, además de representar con gran acierto el dolor que viven las víctima del secuestro, el abuso sexual y la violación, sirve como pretexto para reflexionar sobre la construcción de paradigmas y cómo nuestro proceso de pensamiento nos conduce a aceptarlos como válidos. Nacemos en un momento determinado de la historia y crecemos creyendo que las ideas y concepciones de la realidad que se promueven en nuestro entorno son el equivalente a la verdad. Algunos no nos cuestionamos el origen de estas ideas ni su validez, mientras que otros -con miedo e incertidumbre- nos atrevemos a reconsiderar la historia que nos han contado sobre el mundo. Este es un proceso complicado que involucra mucho esfuerzo, determinación y ganas de aprehender la esencia misma de la realidad. 

Si bien es cierto que los paradigmas nos proporcionan una guía que facilita nuestro proceso de entendimiento de la realidad, también es oportuno señalar que los paradigmas funcionan como una camisa de fuerza que nos impide explorar nuevas posibilidades. Es necesario que salgamos de la habitación en la que vivimos atrapados si queremos comprender mejor el lugar en donde estamos parados. Sí, es una tarea ardua convencer a nuestra mente sobre la idea de que el mundo es más de lo que hemos creído conocer. A Jack le costaba imaginar que las personas que veía en el televisor eran de carne y hueso o que el ratón que se metía a su habitación venía del jardín que estaba detrás de la pared. Creo que el rompimiento con los paradigmas lo podríamos comparar con el proceso de duelo posterior a una pérdida, en donde niegas, lloras, te enojas, aceptas y aprendes como consecuencia de la partida de aquello que creías estaría por siempre en tu vida. 

Si tienen oportunidad de ver esta película, se las recomiendo ampliamente.

Tráiler de la película Room (2015).

miércoles, 16 de marzo de 2016

La libertad


La capacidad de amar, de sentir y de querer. El poder para expandir la mente a horizontes inimaginables, para crear historias y para hacer múltiples interpretaciones de lo que nos rodea. La libertad es subjetiva y colectiva, una mezcla que parece extraña y en ocasiones se torna complicada. Todos nos movemos pero todos nos detenemos, es un constante choque. La libertad animal no toma en cuenta la colectividad, es llanamente libertad: perenne y única. La libertad humana, además de compleja y temporal, se desarrolla en función de la colectividad que rodea al sujeto. La colectividad podría considerarse una limitación al sujeto, no obstante, resulta más prudente pensarla como la posibilidad de extender la libertad más allá del sujeto, es decir, más allá de una sola mente. La libertad es la puerta a la felicidad. La felicidad es compartida y llega cuando las libertades subjetivas encuentran un punto de acuerdo allá donde las mentes humanas confluyen.

A pesar de que el ser humano sea despojado de la posibilidad de ser feliz -de la colectividad-, siempre existirá la libertad que se originó desde el momento de su concepción: el ser. El ser, esa posesión que nadie nos da, que nadie nos otorga, aquello que nos pertenece, de lo que no debemos dar explicaciones. Todos somos ser, por lo tanto todos podemos estar, no hay  necesidad de responder a nadie por el ser y su inseparable consecuencia: existir. El ser es un espacio íntimo, es ahí donde la esencia de la vida toma lugar, donde la libertad primera nace.

La libertad del individuo en primer término será entonces lo que él o ella sean. No podría imaginar una limitación al ser salvo el propio ser, lo cual resulta en la continuidad de la libertad. El ser es el que decide limitarse, él es libre de hacerlo. La validez de la libertad que tiene cada individuo no debería ser debatible, quizá para usos prácticos sí, porque ¿qué ser tendría el derecho de proclamarse como juez de los temas de la libertad? Nadie podría hacerlo. Todos somos iguales, iguales en libertad también.

¿Existen limitaciones externas del concepto de libertad? No, son limitaciones del sujeto como parte de la vida pero no de la libertad en sí. Podríamos enumerar la opresión, la intolerancia, la apatía, la malicia, la avaricia, la envidia o la injusticia, conceptos cuya existencia siempre está condicionada a factores externos. Si estos elementos se volviesen internos, ya no tendrían el carácter de limitaciones; serían una decisión del ser. Algunos han pensado que el sujeto no puede ser libre porque es un individuo en sociedad y que, por consiguiente, se tiene que adaptar a las normas del medio en que se desenvuelve, no obstante, no es así. La sociedad sólo constituye un pretexto para tomar ciertas decisiones o para evadir la responsabilidad de lo que implica tomar decisiones de forma consciente. 

domingo, 13 de marzo de 2016

Voz propia

Generar un estilo propio que logre transmitir nuestras ideas y pensamientos requiere de mucho esfuerzo. La influencia de quienes nos rodean, de lo que estudiamos y del lugar en donde nos desenvolvemos se refleja en la manera en que escribimos. Conforme los años pasan, se convierte en un lujo escribir como nos apetece, porque hemos aprendido tantas reglas y estructuras que perdemos el buen hábito de explorar, inventar y jugar con la lengua. 

La voz propia no significa que hagamos un uso caprichoso de la lengua, que ignoremos sus formas más básicas y que nos empeñemos en volver incomprensible el mensaje que transmitimos. La voz propia requiere consciencia de las herramientas lingüísticas a nuestra disposición. Conocer las fortalezas y las debilidades de la lengua nos permitirán recorrer sus caminos sin miedo y con la confianza de atrevernos a innovar. La voz propia nos volverá más seguros en nuestra relación con las palabras, con sus significados y con las posibilidades infinitas que tenemos para comunicarnos. La voz propia nos invita a equivocarnos mientras experimentamos con la lengua. Las bondades de este tipo de equivocaciones es que, a diferencia de aquellas que no reconocemos, nos permitirán acercarnos más a la lengua.

Adueñarnos de lo que creamos es el fin de la voz propia. A veces me encuentro con puristas de la lengua que se oponen a participar del juego creativo con las palabras e inevitablemente la única imagen que viene a mi mente es una camisa de fuerza. Estos puristas convierten a la lengua en una vulgar receta que sin más remedio debemos seguir; vuelven al creador esclavo de su creación. Por otro lado, la voz propia nos permite sabernos dueños de nuestra creación. Nos sabemos con el derecho de modificar las estructuras existentes y de ajustarlas a nuestras nuevas realidades y a las invenciones sin fin de la mente. Sí, querido lector, como se habrá podido dar cuenta yo abogo por un uso más libre de la lengua (¡Ojo, ni siquiera pasa por mi mente estar a favor del uso libertino que muchos hacen de la misma!) y pienso que la voz propia es un buen medio para acercarme a esta convicción. 

Portada de El Principito, traducido al otomí por Raymundo Isidro Alavez y Jacques Galinier

domingo, 6 de marzo de 2016

El alma, la inspiración y el movimiento

La inspiración mueve al alma lentamente y con mucho cuidado. La mueve a través de senderos desconocidos que vale la pena explorar. La inspiración, algunas veces con una paciencia inquietante, permite que el alma se detenga a observar los detalles de lo que hay a su alrededor. Este andar lento, tranquilo y pausado, se convierte en reflexión, en meditación y en hallazgo ¡Ay pero qué bien sabe la inspiración que en los detalles está el secreto de todo! Te mantiene pasmado y pensativo, como queriendo aprehender la esencia de todo lo que nos rodea para poder traducirlo en poemas, en canciones o en pinturas. Sí, el alma no habla por si sola, necesita inspiración. 

Pero que no se crea que la inspiración sólo conoce el caminar lento y pausado que he mencionado, también sabe -de primera mano- de los placeres de correr, de exaltarse y de animarse a asumir los retos. Sin ningún reparo lleva al alma a los acantilados más altos, más peligrosos, los más hermosos y sorprendentes. La toma de la mano y hace que se arrojen hacia el vacío. El alma grita, ríe, llora, se lamenta y se enoja. La voz que sale de su garganta es una voz fuerte, con potencia y desde muy dentro. Es una voz que transmite coraje, pasión y placer. Sí, así es como nuestra alma se atreve a innovar, a romper paradigmas, a enfrentarse con sus miedos y a saber que el final del acantilado sólo representa la oportunidad de volver, con la inspiración, a escalar hasta la cima del mismo, porque ha de saberse que el alma, a diferencia del cuerpo, no perece ante la caída. 

¡Recuerde bien que el alma siempre debe ir acompañada de la inspiración! No la olvide al salir de casa, pues, así como lo hace la sombrilla con el cuerpo, le permitirá mantenerse alejado de los tormentos ajenos. El alma, debemos reconocer, también es frágil y requiere ser motivada, protegida y apreciada. Así es señores, así es como funciona el alma. Ya habrá tiempo para hablarles de cómo entender a la mente y al cuerpo... ¡pero con calma! Que hoy mi inspiración camina y no corre, hoy observa, se detiene y reflexiona. 

-Hasta pronto -contestaron todos.


domingo, 28 de febrero de 2016

Tierra

Él caminaba descalzo alrededor del jardín de la vieja casa. Los olores y las sensaciones se mezclaban entre sí. La lluvia había convertido a la tierra en un poderoso tranquilizante, el viento soplaba fuerte y el césped, bajo sus pies, estaba húmedo. Su mente se preguntaba cómo es que todo había sucedido de aquella forma. Los días habían pasado uno tras otro sin que le permitieran detenerse a pensar sobre lo que ocurría. Ahora, se encontraba contemplando aquellas rosas que había visto crecer desde siempre al costado del jardín. Esas rosas, siempre atentas a las estaciones del año, florecían con singular intensidad. Algunas eran de color rosa, otras de un amarillo opaco, también las había rojas y blancas. Los dos cedros, irreverentes frente a las estaciones, conservaban el verde de siempre. Después de tanto tiempo, él logró convencerse de que valía la pena haberlos sembrado hacía ya más de quince años. 

Sus pies comenzaban a sentir el frío de la tierra. La humedad se impregnaba en su piel como el olor de la tierra mojada lo hacía en su pecho. El frío no era de aquel que aleja, era una clase de frío que invita a quedarse, a apreciarlo. Ese frío que mantiene al alma alejada de los tormentos y los delirios del calor. Es el frío que nos recuerda nuestra calidad de humanos. La humedad, en sincera complicidad con el césped, comenzaba a dejar algunas marcas en sus pies descalzos. Formas diversas aparecieron paulatinamente en las plantas de sus pies. La caminata seguía surtiendo sus efectos y él lo sabía. 

Decidió continuar con aquella contemplación. Entendía perfectamente las necesidades de su ser. Desde niño había aprendido que las necesidades del alma requieren de tiempo y que son a las que debemos escuchar con mayor detenimiento. Esos días convulsos le habían arrebatado, sin ningún detenimiento, su necesidad de servir al alma. Se daba cuenta de que la tristeza se desvanecía con dificultad, pero a ritmo constante. Su padre había tenido razón en decirle que no había plazo que no venciera. Se encontraba al final de ese plazo con sus emociones enfrentando a su razón. Las lágrimas no se hicieron esperar y una por una resbalaron por aquellas mejillas frías. No eran lágrimas de tristeza, eran lágrimas de conjunción. Él, su interior y su alrededor, se presentaron como un todo, como una misma idea. 

Decidió acostarse en el suelo. El agua, sin necesidad de permiso, traspasó su camisa y empezó a recorrer su espalda. No era un recorrido desordenado; era una marcha constante que amenazaba con empapar todo lo que se encontraba a su paso ¡Vaya que aquello era el pasado! Rápidamente recordó las tardes de su niñez, en que tirado en aquel mismo césped, observaba el movimiento de las nubes, la partida de las aves y la llegada de las estrellas. 

Soltó la pluma y dejó de escribir. Aquello podía esperar, tal como había sabido hacerlo desde hace algunos años. Esa, la sonrisa que bien conocía, apareció en su rostro.

viernes, 26 de febrero de 2016

Fragilidad

Las peores tormentas generalmente comienzan sin advertir su llegada. Repentinamente por las calles comienzan a correr ríos que parecen interminables. El viento sopla fuerte y hace que las puertas y las ventanas de los alrededores comiencen a estremecerse. Los truenos y relámpagos sorprenden hasta el más valiente. Todos corren en busca de un atajo que los resguarde del torrente de lluvia. Las aves, más precavidas que nosotros los seres humanos, han buscado refugio en las copas de los árboles más frondosos y han dejado de cantar ante la tormenta de dimensiones singulares. Así, de un segundo para otro: todo cambia, todo lo que antes se antojaba fuerte, ahora se vuelve débil. Lo vivo se retira para darle paso a lo inerte ¡Ah, qué frágil se es!

Y siguen las primeras impresiones de la tormenta sin que el consuelo los alcance ¿o será que también nos ha dejado a nosotros?. El ritmo del agua cayendo del cielo es más rápido que el del alivio. Las cabras, asustadas, corren, se estrellan entre sí, se lamentan y tratan con poco éxito de volver a casa cuanto antes ¿Es abrumador? Sí ¿Es definitivo? No. No lo saben, pero pasará y si no pasa, por lo menos habrá tiempo de comprender de qué va la tormenta... muy a pesar de la misma. Los ruidos del agua comenzarán a tomar forma, adquirirán armonía y poco a poco serán como una lengua que es necesario aprender. Aquello que nos parecía ruido se convierte en sonido. 

La fragilidad nos obliga a aprender. La fragilidad nos empuja a resignificar nuestra realidad, pero cuidado ¡nadie dijo que esa fuera la opción! La fragilidad duele y asusta, como la tormenta a las cabras. La fragilidad nos permite reconocer nuestra necesidad de detenernos y de comprender nuestros capacidades, como el peatón que busca refugio en la calle. La fragilidad también se convierte en una invitación a repensarnos, a prepararnos y a confiar en nosotros y en lo que nos rodea, tal como las aves hacen. La tormenta no dejará de ser. Me atrevo a decir que la tormenta gusta de amenazarnos con su regreso cada que nos visita. Lo importante es entender bien lo que nos quiere decir. 

Huesos
Vargas Rosas, Luis, Huesos (1920-1945)

domingo, 21 de febrero de 2016

Sobre la insoportable levedad del ser

Hace más de un mes que terminé de leer La insoportable levedad del ser y los argumentos que se plantean en el texto todavía siguen dando vueltas en mi cabeza. El dilema entre la levedad y el peso han aparecido desde entonces en más de uno de los textos que ha llegado a mis manos ¿coincidencia? No lo sé. Lo que si tengo por seguro es que el dilema -como su propia naturaleza lo indica- es complicado para muchos y fácil para otros tantos. Claro, también están aquellos que se decantan por la tibieza, es decir, por momentos tomarse en serio algunas cosas de la vida o períodos de la misma o dejar que todo fluya sin ninguna complicación adicional. 

Michael Ende, en su libro Momo, expone las consecuencia de la rigidez de la vida a través de la interesante historia sobre el tiempo y su ahorro. Para él, la vida no consiste entonces en el grado de levedad ni en el peso que implica. Él plantea que lo único que vale es con cuánto amor hagamos las cosas, sin importar si estas nos parecen ligeras o pesadas. Ende -sin proponérselo- responde en mi mente el dilema de Kundera, pues señala que lo primordial es la capacidad que tiene el ser humano de decidir cómo se enfrentará a la vida. De nuevo, la decisión pasa a ser de nosotros y no de fuerzas indomables como la "gravedad" de vivir. 

Aún no canto victoria en relación con el tema sobre el que escribo, porque reconozco que las líneas arriba esbozadas son reflexiones preliminares, inacabadas y muy sencillas. Tengo el presentimiento de que el tema que debaten ambos autores seguirá dando muchas vueltas en mi mente por un largo tiempo ¿o acaso será por siempre?

 
Portada del texto La insoportable levedad del ser de Milán Kundera

jueves, 18 de febrero de 2016

La congruencia


Alguna vez me dijeron que la congruencia te vuelve vulnerable frente a los otros porque saben cómo reaccionarás frente a una situación determinada. Sin embargo, difiero sobre las consecuencias de la congruencia porque no considero que sea un signo de debilidad; por el contrario, gracias a la congruencia podemos obligar a nuestra mente a pensar en un hilo conductor de nuestras acciones que sea sólido y bien fundamentado. Me atrevería a decir que la congruencia es un ejercicio de disciplina, perseverancia y autoconocimiento. 

Asimismo, la congruencia no significa que debamos permanecer inmóviles y ajenos al cambio. La congruencia nos exigirá que el cambio sea razonado o que por lo menos sea un proceso consciente. El individuo congruente sabe que en ocasiones es oportuno dejar ciertas prácticas o ideas con la finalidad de continuar construyéndose como persona, es decir, de seguir contribuyendo a su proyecto de vida. Si pensamos a la vida como un mapa, la congruencia será la lógica que utilicemos para llegar del punto A al B o al C, no obstante, no dictará algún camino como adecuado o algún medio de transporte como el mejor. Ahora que lo pienso bien, tal vez la frase adecuada no era "la congruencia te vuelve débil",  sino "la congruencia no es para los débiles". 

Pablo Picasso, Retrato de Ambroise Vollard (1909-1910).


domingo, 14 de febrero de 2016

De centralismo, migración y otras peripecias

El martes de esta semana, durante la comida, algunos colegas y yo comenzamos a debatir sobre la dinámica demográfica de la ciudad de México (la minúscula en "ciudad" es a propósito porque no me refiero al nuevo estado, sino a la denominación urbanística). El hilo conductor de la discusión era la falta de planeación urbanística de la ciudad, consecuencia en gran medida de los flujos migratorios provenientes del interior del país hacia la capital. Las personas que deciden migrar a esta gran metrópoli lo hacen principalmente para incrementar sus ingresos y para mejorar su calidad de vida, no obstante, no todos consiguen su objetivo. Un número importante de estos migrantes termina por aceptar un trabajo no tan bien remunerado, que únicamente les permite rentar en zonas periféricas, con las cuatro horas diarias de traslados que ello implica.

El problema no es la llegada de los migrantes a la ciudad o el lugar donde vivan; el problema de fondo son las políticas de desarrollo territorial, económico y de infraestructura que predominan en la administración pública federal. Desde mi punto de vista, se ha privilegiado a la región central de México en prejuicio de los demás estados del país. Las mejores universidades están en la Ciudad de México (ahora sí con mayúscula), así como las grandes empresas nacionales e internacionales, las dependencias del gobierno federal (esto siguiendo la antigua lógica de la Ciudad como territorio federal), los mejores caminos, el mejor aeropuerto y así una larga lista de ventajas. Las oportunidades de desarrollo son mayores en una ciudad con las ventajas antes descritas.

La posible solución, desde el punto de vista de quien escribe, que también tuvo que migrar a la Ciudad de México para mejorar su calidad de vida, no radica exclusivamente en la regulación o la restricción de los nuevos asentamientos humanos ni en el mejoramiento de la infraestructura urbana; la solución sería redistribuir la atención del gobierno federal entre todo el territorio nacional. Los teóricos de la llamada "nueva teoría del comercio" señalan que fuerzas positivas en una región tienen un efecto multiplicador o de inercia, pues atraen a nuevas empresas, a capital humano talentoso, a instituciones educativas prestigiadas y así la lista de beneficios continúa. Sólo hace falta dejar al centralismo atrás y apostarle a modelo más nacional.

Foto aérea de la Ciudad de México tomada por Google Maps.

miércoles, 10 de febrero de 2016

El mito de la caverna



Las primeras líneas de un texto siempre son las más complicadas para aquel que escribe (¿también lo serán para aquel que lee?), pues implican poner a andar la parte creativa del cerebro. En ocasiones nos bloqueamos ante el reto que representa generar una idea a partir de la nada, el temor o la inseguridad nos limitan y evitan que nos pongamos manos a la obra. Sé que este blog constituirá un un excelente ejercicio en mi formación como profesionista y como persona, porque pondrá a prueba mi capacidad de escribir y de reescribir, de leerme y de releerme, de criticarme y de motivarme. En fin, será un acto de aprendizaje... o al menos eso espero.

Algunas de las líneas que publicaré por aquí podrán parecer inconexas entre ellas, pero si el lector es cuidadoso se podrá dar cuenta de que en su conjunto constituyen la radiografía de aquello que pienso, vivo y planeo. Al estilo del mito de la caverna de Platón, debo advertir al lector sobre el hecho de que no será posible acceder a los seres que producen las sombras, no obstante, puedo adelantar que bastará con observar las sombras que el fuego produce en las paredes de la caverna para que quien escribe y el que lee podamos establecer un vínculo a través de las palabras.

Para concluir esta entrada me remitiré a una  frase muy común y que enmarca la esencia de unas notas que leí hace un tiempo: "a ver qué sale". Así es, estará por verse que resultados tiene este ejercicio.

La escuela de Atenas de Rafael, pintada en 1509.