miércoles, 10 de febrero de 2016

El mito de la caverna



Las primeras líneas de un texto siempre son las más complicadas para aquel que escribe (¿también lo serán para aquel que lee?), pues implican poner a andar la parte creativa del cerebro. En ocasiones nos bloqueamos ante el reto que representa generar una idea a partir de la nada, el temor o la inseguridad nos limitan y evitan que nos pongamos manos a la obra. Sé que este blog constituirá un un excelente ejercicio en mi formación como profesionista y como persona, porque pondrá a prueba mi capacidad de escribir y de reescribir, de leerme y de releerme, de criticarme y de motivarme. En fin, será un acto de aprendizaje... o al menos eso espero.

Algunas de las líneas que publicaré por aquí podrán parecer inconexas entre ellas, pero si el lector es cuidadoso se podrá dar cuenta de que en su conjunto constituyen la radiografía de aquello que pienso, vivo y planeo. Al estilo del mito de la caverna de Platón, debo advertir al lector sobre el hecho de que no será posible acceder a los seres que producen las sombras, no obstante, puedo adelantar que bastará con observar las sombras que el fuego produce en las paredes de la caverna para que quien escribe y el que lee podamos establecer un vínculo a través de las palabras.

Para concluir esta entrada me remitiré a una  frase muy común y que enmarca la esencia de unas notas que leí hace un tiempo: "a ver qué sale". Así es, estará por verse que resultados tiene este ejercicio.

La escuela de Atenas de Rafael, pintada en 1509.

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