En la semana me estuve preguntando en numerosas ocasiones sobre qué escribir en el blog. Muchos temas pasaron por mi mente pero ninguno me convencía lo suficiente para escribir algunas líneas al respecto; otros temas no me parecían tan sencillos como para dedicarles tan poco espacio. El martes, cuando iba del trabajo al metro, volví a darme cuenta de algo que me llamó mucho la atención desde el primer momento en que conocí la Ciudad de México: el ritmo de vida de las personas que viven aquí. En esta gran ciudad se vive a un ritmo completamente diferente al resto del país, incluso difiere sustancialmente de la forma en que se vive en ciudades cercanas como Pachuca, Toluca, Puebla o Querétaro.
Aquí en la Ciudad de México parece que todos tienen prisa por llegar a algún lado; no importa en que lugar te encuentres, la percepción siempre será la misma. En el metro todos caminan sin siquiera mirar a su alrededor. Esto puede tener sus virtudes, pero también tiene algunas desventajas. Entre sus virtudes se encuentra que esta forma de andar por la calle se traduce en que cada quien puede ser como desee sin que los demás se percaten del todo de las diferencias que los rodean. Una desventaja es que, a pesar de que nos volvemos menos quisquillosos con lo que nos rodea, se pierde nuestra capacidad de asombro ante lo que vemos. Creo que el balance entre ambas situaciones podría ser una buena opción.
Después de que me llegó el tema a la mente, ingresé al metro y reflexioné todo el camino a la universidad sobre esta situación. Lo primero que saltó a mi mente fue que sería imposible vivir a un ritmo más lento en una ciudad que requiere tomar decisiones al momento, cruzar largas distancias y encontrarse a miles en un trayecto. Resultaría complicado, e incluso cansado, detenernos a pensar en lo que cada una de las personas con las que nos cruzamos está pensando o está sintiendo. Nuestro cerebro necesita economizar y para ello decide dejar de prestar atención a todo lo que nos rodea cuando vivimos en una ciudad tan grande. Tal vez por eso -y más- busco mis pequeñas dosis semanales de Metepec.
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