miércoles, 16 de marzo de 2016

La libertad


La capacidad de amar, de sentir y de querer. El poder para expandir la mente a horizontes inimaginables, para crear historias y para hacer múltiples interpretaciones de lo que nos rodea. La libertad es subjetiva y colectiva, una mezcla que parece extraña y en ocasiones se torna complicada. Todos nos movemos pero todos nos detenemos, es un constante choque. La libertad animal no toma en cuenta la colectividad, es llanamente libertad: perenne y única. La libertad humana, además de compleja y temporal, se desarrolla en función de la colectividad que rodea al sujeto. La colectividad podría considerarse una limitación al sujeto, no obstante, resulta más prudente pensarla como la posibilidad de extender la libertad más allá del sujeto, es decir, más allá de una sola mente. La libertad es la puerta a la felicidad. La felicidad es compartida y llega cuando las libertades subjetivas encuentran un punto de acuerdo allá donde las mentes humanas confluyen.

A pesar de que el ser humano sea despojado de la posibilidad de ser feliz -de la colectividad-, siempre existirá la libertad que se originó desde el momento de su concepción: el ser. El ser, esa posesión que nadie nos da, que nadie nos otorga, aquello que nos pertenece, de lo que no debemos dar explicaciones. Todos somos ser, por lo tanto todos podemos estar, no hay  necesidad de responder a nadie por el ser y su inseparable consecuencia: existir. El ser es un espacio íntimo, es ahí donde la esencia de la vida toma lugar, donde la libertad primera nace.

La libertad del individuo en primer término será entonces lo que él o ella sean. No podría imaginar una limitación al ser salvo el propio ser, lo cual resulta en la continuidad de la libertad. El ser es el que decide limitarse, él es libre de hacerlo. La validez de la libertad que tiene cada individuo no debería ser debatible, quizá para usos prácticos sí, porque ¿qué ser tendría el derecho de proclamarse como juez de los temas de la libertad? Nadie podría hacerlo. Todos somos iguales, iguales en libertad también.

¿Existen limitaciones externas del concepto de libertad? No, son limitaciones del sujeto como parte de la vida pero no de la libertad en sí. Podríamos enumerar la opresión, la intolerancia, la apatía, la malicia, la avaricia, la envidia o la injusticia, conceptos cuya existencia siempre está condicionada a factores externos. Si estos elementos se volviesen internos, ya no tendrían el carácter de limitaciones; serían una decisión del ser. Algunos han pensado que el sujeto no puede ser libre porque es un individuo en sociedad y que, por consiguiente, se tiene que adaptar a las normas del medio en que se desenvuelve, no obstante, no es así. La sociedad sólo constituye un pretexto para tomar ciertas decisiones o para evadir la responsabilidad de lo que implica tomar decisiones de forma consciente. 

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