domingo, 22 de mayo de 2016

Ida

El viento pega en mi rostro y el sol calienta poco, pues el atardecer se acerca. El olor a humedad se ha impregnado en toda la ciudad tras la lluvia que acaba de caer hacer unos minutos. Camino con una sonrisa en el rostro y recuerdo lo que dice la canción que he tenido en mi mente los últimos días: "all we have is memories" y eso es precisamente lo que me llevo de este ciclo (lo único que podré llevarme a donde quiera que vaya). Reflexiono sobre lo que los recuerdos han hecho de mí, cómo fueron apareciendo y cómo es que algunos han quedado para nunca ser olvidados. El camino de vuelta a mi otra casa -en la gran ciudad- ha comenzado mientras escribo estas líneas. Ahí, donde un capítulo completo se escribió. 

La cuenta regresiva se ha instalado, por lo que ahora los días en lugar de parecer inmensos, adquieren cierta ligereza. Mis pasos, percibo, me llevan más rápido hasta las últimas líneas que habrán de llevarme hacia el último capítulo. No importa, sé que los pilares que dieron vida a este capítulo seguirán, de una u otra forma, presentes en los que aún quedan por escribir. No me queda duda de que estos pilares, todos ellos en diferentes presentaciones, seguirán formando parte del argumento principal. 

Ya preparo el borrador de lo que ha de venir. No reparo en los detalles, pero sí en la idea central. Se trata de que la pluma fluya mientras las hojas pasan, así se disfruta más. En fin, no hay prisa por empezar ni por terminar... siempre es bueno disfrutar el viaje. El camino de vuelta a la gran ciudad es pausado y en calma. Alrededor dejan de verse las casas y comienzan a aparecer las montañas. Veo a través de la ventana la línea directa que unirá a las dos ciudades --la grande y la pequeña- en los años por venir. Sí, ya puedo llamar a las dos "hogar", aunque cada una muy a su manera. 

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