domingo, 10 de abril de 2016

¿Qué es Europa y cuál es su implicación en el contexto actual?


Definir qué es Europa es una tarea complicada (¿o imposible?), pues es una región diversa y en constante cambio. Por momentos parece que las diferencias entre sus habitantes son mayores a las similitudes, lo cual hace reconsiderar a más de uno sobre la pertinencia de pensar a Europa como un ente único. También hay periodos en que las similitudes y los proyectos en común son tantos que la idea de una sola Europa se presenta como la mejor opción para referirse a este (sub)continente.
            Algunos otros, con una posición más conciliadora, a pesar de los tiempos y de los cambios, creen haber encontrado la fórmula adecuada para definir a Europa: “unión en la diversidad”. De acuerdo con este enunciado, la conformación de Europa responde a la complejidad de sus sociedades, de su historia y de su geografía. Es un ente único hacia la exterior, pero mantiene y promueve las diferencias al interior. El europeo se identificará con los demás habitantes de la región y considerará que comparten elementos en común que los distinguen de los habitantes de otras regiones del mundo. Es así que la otredad, en términos de Boaventura de Sousa Santos, funciona como elemento primario para aprender a reconocerse a uno mismo.
            Europa no deja de ser una construcción social, por lo cual está sujeta al cambio y a las percepciones particulares de cada individuo. Cada uno de los europeos es quien tendrá la definición más cercana a la realidad de lo que es Europa. Al final del día, las definiciones -y en particular los conceptos- son de aquellos que los utilizan. El observador ajeno podrá elaborar una definición objetiva y razonada de aquello que se puede considerar como Europa. Sin embargo, son los europeos quienes utilizan sus instituciones, quienes conocen sus espacios, quienes hablan sus lenguas y quienes conforman a su realidad. Ellos son quienes pueden y deben contribuir al debate acerca de aquello que es –o no es- Europa.
            Más allá del debate en torno a la definición de lo que es Europa, existen muchas otras cuestiones derivadas de la complejidad de la región que deben analizarse, atenderse y, en la medida de lo posible, solucionarse. Entre algunas de estas situaciones se encuentran la discriminación hacia los migrantes que no responden al arquetipo del europeo occidental, la segregación y la desigualdad en la que viven millones de europeos que forman parte de los grupos minoritarios, la intolerancia religiosa y la discriminación hacia aquello que no forma parte del sistema de valores de lo que tradicionalmente se ha considerado europeo.
            Después del estallido de las sublevaciones árabes en el Norte de África y en Medio Oriente, cientos de miles de personas han intentado migrar desde esta región hacia Europa en busca de mejores condiciones de vida. En Europa no han tenido un recibimiento muy caluroso, pues grupos anti inmigrantes en Italia, Francia o España han impedido o bloqueado la ayuda y la protección de estas personas.  Los nacionalistas han encontrado en los migrantes al chivo expiatorio idóneo de los males del continente. Argumentan que los migrantes no contribuyen al crecimiento y al desarrollo de la región, pues únicamente exigen que se les otorgue la ayuda sin garantizar que cumplirán con sus obligaciones como nuevos habitantes de Europa. Los grupos nacionalistas de ultra derecha consideran que la diversidad tiene un límite, es decir, desde su lógica hay niveles de diversidad, unos más tolerables que otros. Si una persona responde al arquetipo europeo, a pesar de las diferencias respecto de aquel que lo califica, puede ser incluido en el enunciado “unidad en la diversidad”, de otra forma esto resulta casi imposible.
            La intolerancia religiosa, la segregación y la discriminación también tienen como origen la inexistencia de un concepto de lo que es Europa. Algunos europeos consideran que el concepto debe ser cerrado y exclusivo, esto último se convierte en la puerta a la exclusión cuando se le pone en contacto con aquello que no forma parte de los elementos que constituyen lo europeo. Un musulmán, un africano negro o un gitano encuentran dificultades para ser asimilados por la sociedad que a la que llegan o para ser tratados en condiciones de equidad respecto de aquellos que forman parte de los elementos del concepto cerrado y exclusivo/excluyente. El concepto europeo, para algunos, no admite modificaciones sustanciales. Ellos defenderán un concepto de Europa distante de la realidad del continente. De esta forma, este tipo de pensamiento se vuelve una limitante para comprender la complejidad de la realidad europea.
            Los europeos deben reflexionar acerca de la vigencia de algunas de sus creencias y cuestionarse si en verdad es necesario contar con un concepto sobre Europa. Los conceptos agrupan una serie de características que tratan de describir una fracción de la realidad. Sin embargo, es importante señalar que, por definición, todo aquello que engloba o agrupa también excluye. Si se elabora un concepto único sobre Europa se corre el riesgo de excluir a algunos grupos, prácticas culturales, orígenes y proyectos que componen su diversidad. Tampoco es posible contar con tantos conceptos como personas en Europa existan. El punto clave es aprender a matizar y a entender que Europa es un continuo que fluye sin cesar. Definir qué es Europa es y será una tarea de ajuste y reinvención constante que deberá responder a la realidad de la región misma.

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