Definir qué es Europa es una tarea complicada (¿o imposible?), pues
es una región diversa y en constante cambio. Por momentos parece que las
diferencias entre sus habitantes son mayores a las similitudes, lo cual hace
reconsiderar a más de uno sobre la pertinencia de pensar a Europa como un ente
único. También hay periodos en que las similitudes y los proyectos en común son
tantos que la idea de una sola Europa se presenta como la mejor opción para
referirse a este (sub)continente.
Algunos otros,
con una posición más conciliadora, a pesar de los tiempos y de los cambios,
creen haber encontrado la fórmula adecuada para definir a Europa: “unión en la
diversidad”. De acuerdo con este enunciado, la conformación de Europa responde
a la complejidad de sus sociedades, de su historia y de su geografía. Es un
ente único hacia la exterior, pero mantiene y promueve las diferencias al
interior. El europeo se identificará con los demás habitantes de la región y
considerará que comparten elementos en común que los distinguen de los
habitantes de otras regiones del mundo. Es así que la otredad, en términos de
Boaventura de Sousa Santos, funciona como elemento primario para aprender a
reconocerse a uno mismo.
Europa no deja de
ser una construcción social, por lo cual está sujeta al cambio y a las
percepciones particulares de cada individuo. Cada uno de los europeos es quien
tendrá la definición más cercana a la realidad de lo que es Europa. Al final
del día, las definiciones -y en particular los conceptos- son de aquellos que
los utilizan. El observador ajeno podrá elaborar una definición objetiva y
razonada de aquello que se puede considerar como Europa. Sin embargo, son los
europeos quienes utilizan sus instituciones, quienes conocen sus espacios,
quienes hablan sus lenguas y quienes conforman a su realidad. Ellos son quienes
pueden y deben contribuir al debate acerca de aquello que es –o no es- Europa.
Más allá del
debate en torno a la definición de lo que es Europa, existen muchas otras
cuestiones derivadas de la complejidad de la región que deben analizarse,
atenderse y, en la medida de lo posible, solucionarse. Entre algunas de estas
situaciones se encuentran la discriminación hacia los migrantes que no
responden al arquetipo del europeo occidental, la segregación y la desigualdad
en la que viven millones de europeos que forman parte de los grupos
minoritarios, la intolerancia religiosa y la discriminación hacia aquello que
no forma parte del sistema de valores de lo que tradicionalmente se ha
considerado europeo.
Después del
estallido de las sublevaciones árabes en el Norte de África y en Medio Oriente,
cientos de miles de personas han intentado migrar desde esta región hacia
Europa en busca de mejores condiciones de vida. En Europa no han tenido un
recibimiento muy caluroso, pues grupos anti inmigrantes en Italia, Francia o
España han impedido o bloqueado la ayuda y la protección de estas personas. Los nacionalistas han encontrado en los
migrantes al chivo expiatorio idóneo de los males del continente. Argumentan
que los migrantes no contribuyen al crecimiento y al desarrollo de la región,
pues únicamente exigen que se les otorgue la ayuda sin garantizar que cumplirán
con sus obligaciones como nuevos habitantes de Europa. Los grupos nacionalistas
de ultra derecha consideran que la diversidad tiene un límite, es decir, desde
su lógica hay niveles de diversidad, unos más tolerables que otros. Si una
persona responde al arquetipo europeo, a pesar de las diferencias respecto de
aquel que lo califica, puede ser incluido en el enunciado “unidad en la
diversidad”, de otra forma esto resulta casi imposible.
La intolerancia
religiosa, la segregación y la discriminación también tienen como origen la inexistencia
de un concepto de lo que es Europa. Algunos europeos consideran que el concepto
debe ser cerrado y exclusivo, esto último se convierte en la puerta a la
exclusión cuando se le pone en contacto con aquello que no forma parte de los elementos
que constituyen lo europeo. Un musulmán, un africano negro o un gitano encuentran
dificultades para ser asimilados por la sociedad que a la que llegan o para ser
tratados en condiciones de equidad respecto de aquellos que forman parte de los
elementos del concepto cerrado y exclusivo/excluyente. El concepto europeo,
para algunos, no admite modificaciones sustanciales. Ellos defenderán un
concepto de Europa distante de la realidad del continente. De esta forma, este
tipo de pensamiento se vuelve una limitante para comprender la complejidad de
la realidad europea.
Los europeos
deben reflexionar acerca de la vigencia de algunas de sus creencias y
cuestionarse si en verdad es necesario contar con un concepto sobre Europa. Los
conceptos agrupan una serie de características que tratan de describir una
fracción de la realidad. Sin embargo, es importante señalar que, por
definición, todo aquello que engloba o agrupa también excluye. Si se elabora un
concepto único sobre Europa se corre el riesgo de excluir a algunos grupos,
prácticas culturales, orígenes y proyectos que componen su diversidad. Tampoco
es posible contar con tantos conceptos como personas en Europa existan. El
punto clave es aprender a matizar y a entender que Europa es un continuo que
fluye sin cesar. Definir qué es Europa es y será una tarea de ajuste y
reinvención constante que deberá responder a la realidad de la región misma.
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