domingo, 14 de febrero de 2016

De centralismo, migración y otras peripecias

El martes de esta semana, durante la comida, algunos colegas y yo comenzamos a debatir sobre la dinámica demográfica de la ciudad de México (la minúscula en "ciudad" es a propósito porque no me refiero al nuevo estado, sino a la denominación urbanística). El hilo conductor de la discusión era la falta de planeación urbanística de la ciudad, consecuencia en gran medida de los flujos migratorios provenientes del interior del país hacia la capital. Las personas que deciden migrar a esta gran metrópoli lo hacen principalmente para incrementar sus ingresos y para mejorar su calidad de vida, no obstante, no todos consiguen su objetivo. Un número importante de estos migrantes termina por aceptar un trabajo no tan bien remunerado, que únicamente les permite rentar en zonas periféricas, con las cuatro horas diarias de traslados que ello implica.

El problema no es la llegada de los migrantes a la ciudad o el lugar donde vivan; el problema de fondo son las políticas de desarrollo territorial, económico y de infraestructura que predominan en la administración pública federal. Desde mi punto de vista, se ha privilegiado a la región central de México en prejuicio de los demás estados del país. Las mejores universidades están en la Ciudad de México (ahora sí con mayúscula), así como las grandes empresas nacionales e internacionales, las dependencias del gobierno federal (esto siguiendo la antigua lógica de la Ciudad como territorio federal), los mejores caminos, el mejor aeropuerto y así una larga lista de ventajas. Las oportunidades de desarrollo son mayores en una ciudad con las ventajas antes descritas.

La posible solución, desde el punto de vista de quien escribe, que también tuvo que migrar a la Ciudad de México para mejorar su calidad de vida, no radica exclusivamente en la regulación o la restricción de los nuevos asentamientos humanos ni en el mejoramiento de la infraestructura urbana; la solución sería redistribuir la atención del gobierno federal entre todo el territorio nacional. Los teóricos de la llamada "nueva teoría del comercio" señalan que fuerzas positivas en una región tienen un efecto multiplicador o de inercia, pues atraen a nuevas empresas, a capital humano talentoso, a instituciones educativas prestigiadas y así la lista de beneficios continúa. Sólo hace falta dejar al centralismo atrás y apostarle a modelo más nacional.

Foto aérea de la Ciudad de México tomada por Google Maps.

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