viernes, 1 de abril de 2016

Racismo en México

Advertencia al lector: Lo que a continuación escribo son percepciones únicamente. Sería interesante tratar de comprobar empíricamente si estas suposiciones son correctas.

Si le preguntas al mexicano promedio sobre el racismo, es muy probable que responda con algún ejemplo extranjero y que resalte el hecho de que esta situación no se presenta en nuestro país. Asimismo, se remitirá a juzgar a aquellos que promueven prácticas racistas, situación que evita que el racismo se convierta en algo socialmente aceptado... o por lo menos así  sucede en términos explícitos. La razón de esta reacción del mexicano promedio se sustenta en una genuina creencia de que el racismo no existe en nuestro país. Sin embargo, la realidad de millones de personas difiere sustancialmente de este supuesto.

El racismo en México está presente en todo lo lado. Es promovido en la administración pública, en las instituciones de educación, en el sector privado, en los establecimientos de autoservicio, en los restaurantes, al momento de rentar un vivienda, de adquirir un crédito y así en ocurre con una larga lista de experiencias y lugares. Es una cuestión estructural que pocas veces se vuelve consciente en el nivel individual. Lo anterior significa que las condiciones sociales y económicos se han configurado de tal forma que no todos los mexicanos tienen las mismas oportunidades derivado de su color de piel. Si revisamos la composición de las personas que trabajan en la administración pública federal, de las personas que acuden a instituciones de de educación superior cuyos egresados ocupan altos mandos o de aquellas que viven en las colonias de moda, podremos percatarnos que hay un color de piel preponderante ¿coincidencia? Lo dudo.

¿Por qué advierto al lector al comienzo sobre la naturaleza de esta entrada? Porque tal vez tengo una visión errónea  sobre la composición de México y en particular de la cuidad donde vivo ahora: el Distrito Federal. Tal vez mis ojos me engañan al ver que el sector más amplio de la población mexicana tiene mayores complicaciones para lograr la tan anhelada movilidad social. Años de estudio, más el talento y muchas ganas son igual a nada o poco si perteneces a este sector. Permítame, querido lector, recordar que la otredad sirve para crear categorías de aquello que creemos que somos y de aquello que no. Como resultado del racismo en nuestro país, el grueso de la población mexicana se ha convertido en "los otros". Observando con extrañeza que acudan a comer a algunos sitios, que vacacionen en cierto lugar o que aspiren a trabaja en determinado sector, el racimo se ha convertido en un elemento limitante para millones de personas -mas no determinante- aclaro. Desde las propias familias de estos sectores se fomenta esta conducta. Se educa para saber a qué clase de "otro" se pertenece y así, en función de este supuesto, se moldea  la conducta, las aspiraciones y la autopercepción de estos individuos.

La propuesta es que realicemos un ejercicio serio de nuestras acciones e identifiquemos aquellas situaciones en que hayamos discriminado a alguien por su color de piel u origen étnico, ya sea de forma directa, por omisión, exclusión o asociación. Es necesario que planteemos un modelo de convivencia más abierto y dispuesto a considerar que cualquier persona debería tener la posibilidad, sin que sea sometida a la crítica, de comer donde desee, vestir lo que le acomode y trabajar en donde sus habilidades le permitan. Si deseamos que la movilidad social se convierta en una realidad, debemos comenzar por desterrar los patrones de racismo que persisten en nuestras mentes.

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