Hace más de un mes que terminé de leer La insoportable levedad del ser y los argumentos que se plantean en el texto todavía siguen dando vueltas en mi cabeza. El dilema entre la levedad y el peso han aparecido desde entonces en más de uno de los textos que ha llegado a mis manos ¿coincidencia? No lo sé. Lo que si tengo por seguro es que el dilema -como su propia naturaleza lo indica- es complicado para muchos y fácil para otros tantos. Claro, también están aquellos que se decantan por la tibieza, es decir, por momentos tomarse en serio algunas cosas de la vida o períodos de la misma o dejar que todo fluya sin ninguna complicación adicional.
Michael Ende, en su libro Momo, expone las consecuencia de la rigidez de la vida a través de la interesante historia sobre el tiempo y su ahorro. Para él, la vida no consiste entonces en el grado de levedad ni en el peso que implica. Él plantea que lo único que vale es con cuánto amor hagamos las cosas, sin importar si estas nos parecen ligeras o pesadas. Ende -sin proponérselo- responde en mi mente el dilema de Kundera, pues señala que lo primordial es la capacidad que tiene el ser humano de decidir cómo se enfrentará a la vida. De nuevo, la decisión pasa a ser de nosotros y no de fuerzas indomables como la "gravedad" de vivir.
Aún no canto victoria en relación con el tema sobre el que escribo, porque reconozco que las líneas arriba esbozadas son reflexiones preliminares, inacabadas y muy sencillas. Tengo el presentimiento de que el tema que debaten ambos autores seguirá dando muchas vueltas en mi mente por un largo tiempo ¿o acaso será por siempre?
Portada del texto La insoportable levedad del ser de Milán Kundera
Cool B|
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